Ojos de zafiro

seriously_scary_by_steelgohst

El cigarrillo estaba ya casi consumido en el cenicero, no era el primero, no, ya llevaba más de medio atado y las cenizas se acumulaban en una pequeña montañita gris. El aire estaba completamente viciado, ni se había molestado en abrir una ventana pero tampoco era algo que le importase demasiado. También la botella de Whisky hacía acuso de recibo y uno bastante notorio. Todavía estaba en la mesa el precinto roto y, con un poco más de dos horas su vida estaba llegando a su fin.

Pero el problema, lo sorprendente es que pese fuerte olor a alcohol, a esa masa espesa de humo, lo viciado de todo ese ambiente, eso no era lo que daba a ese cuadro la densitud que se sentía en el lugar, o tal vez todo lo mencionado contribuía a que esa sensación se intensificara.

Lo cierto es que Daniel se encontraba hacía dos horas tomando y fumando, en completo silencio, solo en su comedor, mirando un punto fijo pero su cabeza (porque si, nosotros los narradores tenemos la facultad de poder saber exactamente que es lo que piensan nuestros protagonistas) su cabeza…su cabeza era otra cosa.

En su cabeza solo podía ver el horror de esa mueca, esa mueca que sabía perfectamente que lo iba a acompañar el resto de su vida, a todo momento, en todo lugar. No había manera de librarse de ella, esa mueca era simplemente horrible, horrible e irresistible. Era una droga, sabía que le hacía mal, sabía que tenía que sacársela de su cabeza pero sencillamente no podía.

Hacía unas horas se encontraba caminando por el barrio, una salida nocturna nomas, como todas las noches para despejarse del día. Caminaba tan tarde de noche solo porque sabía que el ruido bajaba, la ciudad no estaba demasiado brillante y la gente la percibía mucho más tranquila, sin tanto apuro.

Entonces dobló mal en una esquina. No sabía muy bien porque, ni como, solo que se encontró doblando en una esquina que nunca había tomado, era raro en el, nunca tomaba desvíos, siempre el mismo camino, lo importante no era conocer las calles de su barrio sino distenderse y para ello necesitaba una ruta predeterminada, ir decidiendo que calles tomar y cuales no era ocupar la cabeza en decisiones inútiles, pero esa noche dobló mal. Tal vez fue una bocina que sonó fuerte, un perro que pasó justo media cuadra corriendo y dobló ahí o simplemente el destino pero lo cierto es que había doblado en esa esquina y automáticamente en su cabeza pensó “Esto no está bien”

Caminó durante unos metros y empezó primero a escuchar un llanto, o más bien parecía un prototipo de llanto, era como un gemido, un quejido, primero pensó que podía ser una pareja cogiendo y se detuvo pero no era eso, era algo más profundo, algo más primigenio.

Se acercó agudizando los sentidos, se veía poco, era una de esas cuadras que los árboles tapan las luces de la calle por lo cual tenía que confiar más en su oído y se fue acercando, no sabía bien por qué pero tenía que hacerlo.

Y entonces su mundo se derrumbó. Era un nene, un nene muy pálido mirándolo con los ojos completamente vacíos, con una sonrisa de oreja a oreja, llorando ya con surcos visibles de que se encontraba en ese estado hacía buen rato. Lo miraba sin mirar lo miraba con dos zafiros sin luz alguna. El resto de la imagen empeoraba todo imposible reproducir en qué estado estaba su cuerpo, su ropa, ni hablar que estaba haciendo esa rata con sus dientes a uno de sus dedos de la mano pero lo peor, lo peor era sus ojos. Daniel intentó ayudarlo pero al querer acercarse se encontró con algo que no esperaba. De pronto el nene desapareció y lo único que encontró fue un espejo roto.

Perturbado pegó un salto hacia atrás y salió corriendo hasta su casa, entró abrió ese Whisky que le habían regalado en su último cumpleaños, abrió un paquete de cigarrillos y empezó.

Hacía dos horas que estaba así. Repasaba una y otra vez las imágenes en su cabeza, el niño, el espejo, sus ojos…sus ojos, no podía sacarse sus ojos de encima, ciertamente encontraba un parecido en ellos con sus propios ojos…sus propios ojos el nene la posición, la rata, la ropa, la sonrisa, el llanto…todo, todo encajaba de una manera muy cliché en su vida y sabía que aun así, por más obvio que era la situación, sabía perfectamente que era esa la respuesta.

De pronto, como poseído se levantó de la silla se apresuró al placard y corrió todo del medio, tenía que encontrar la caja, cuando la encontró ahí estaba, una pistola que había comprado hacía mas tiempo del que creía recordar y estaba olvidada en un rincón de ese viejo placard.

Se dijo “si toda esta situación es un cliché entonces es apropiado terminarla de la misma manera” y entonces cuando se encañonó en la sien y estaba a punto de disparar, riendo se vio en el espejo y comprendió demasiado tarde que era todo un error. La imagen tan familiar que había visto no era su propio reflejo, no era su cara ni una metáfora idiota que le brindaba la vida, era el dibujo de su remera. La había comprado hacía poco en una tienda que vendían todo tipo de cosas de terror y ese día se la había puesto.

Una lástima que no se haya dado cuenta a tiempo de su propia estupidez.

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By leonardoezequiel Posted in Relatos

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