Las musas…o casi

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Tal vez fue por aburrimiento, tal vez por deseo, lo cierto es que cuando agarró la Notebook esa calurosa noche de Enero, Germán no paró de escribir desde el momento que abrió el programa de la pc. No tenía idea a dónde iba a ir, siquiera si lo iba a terminar, pero no le importó y siguió escribiendo mientras sonaba rock alternativo en una radio en internet que había puesto para intentar inspirarse.

Lo primero que le sorprendió fue que pese a no tener un plan de escritura como siempre solía hacer, las palabras le salían solas, no siguiendo una historia pero si un sentido y eso solo le bastaba por el momento.

Le parecía raro no poder concentrarse en un tema en particular, política le parecía muy denso para ponerse a escribir, de amor no quería ni ponerse a pensar, sociedad…lo evaluó por un momento pero no, ni siquiera eso, incluso hasta se planteó escribir sobre el clima, no era porque quería escribir sobre algo en particular sino más bien porque era la primera vez que estaba hacía horas escribiendo y llenando páginas sin encontrar un tema, era más un diálogo con su computadora que un texto en si mismo. En ese momento se preguntó que pensarían sus amigos de toda la vida si leyesen eso. Estaba totalmente seguro que iban a decirle que estaba loco o algo por el estilo, por lo cual desechó ese pensamiento y siguió intentando encontrarle un sentido a sus palabras.

El mayor problema que tenía con este sinsentido era simplemente que era muy racional. No podía concebir que algo que saliera de su cabeza no estuviese fríamente preparado, pensado, calculado y armado. Era tan estructurado y racional que sus amigos bromeaban diciendo que había perdido todo sentido lúdico en su vida, lo suyo era pura sociedad, economía y política, hacía años que solo se dedicaba a esos temas y no mucho más, pero esa noche no, esa noche era especial y había algo que no se atrevía a pronunciarlo en voz alta pero era como una fuerza sobrenatural que lo absorbía a escribir y escribir.

Con el correr de las horas se fue dando cuenta de varias cosas, la primera, es que sin darse cuenta, hacía más de 4 horas que estaba escribiendo, la segunda es que jamás supo cómo llegó a la conclusión de esas últimas oraciones que había escrito y que de pronto tenía alguien en la puerta de su casa.

Esto último fue lo que hizo que levantase la vista de su computadora para darse cuenta que había sucedido.  Le tomó dos timbres más para levantarse de su cama e ir a atender. A decir verdad se sentía algo irritado con ese timbre, lo había desconcentrado…o sacado del trance en el que se encontraba, no entendía muy bien, pero por sobre todo, él no esperaba a nadie y menos a altas horas de la noche. Intentó ignorar el timbre pero al tercer llamado se decidió a levantarse de la cama y atender el portero.

Del otro lado escuchó una voz extraña pero a su vez familiar y solo le dejó pasar porque, una vez habiéndose presentado (le dijo que su nombre era Mateo) le recitó la última frase de lo que recién había dejado inconcluso en su computadora.

Esto, a Germán lo aterró, o sea, ¿Cómo es que alguien pudiese recitarle, palabra por palabra, lo que recién había salido de su cabeza? Pero justamente por ese miedo e inexplicable fascinación que sentía por el desconocido parado en la puerta de su casa, lo dejó entrar.

Tenía un aspecto menudo, tendría unos 55 años, con un ligero exceso de peso, una calvicie importante que solo dejaba intactos los costados de la cabeza y la nuca, ojos saltones y piernas más bien corta. La ropa tampoco ayudaba a su aspecto, un chaleco de lana a cuadros arriba de una camisa, unos pantalones de vestir marrón oscuro y unos zapatos que hacían juego pero se los notaba desgastados por el tiempo.

Cuando entró, directamente se dirigió a una silla en la cual se sentó sin que le hayan ofrecido un asiento y apenas se hubo acomodado le solicitó si podía tomar un té de arándonos que sabía que tenía guardado. Germán inseguro como nunca en su vida se dispuso a aceptar los requerimientos de Mateo y a conjeturar en su cabeza cuanta hipótesis se le viniese a la mente.

Mientras le servía el té escuchó la voz de Mateo decirle “No tengas miedo, no estoy espiándote con una cámara en tu oficina” Lo cual hizo que Germán casi tirase la pava al piso ya que estaba evaluando esa posibilidad en ese preciso momento…¿Era posible que Mateo pudiese, de alguna manera, leerle la mente? No, eso no es posible, pensó, lo que dijo de la cámara, por más buen timing que haya tenido, se le podría haber ocurrido a cualquiera, era una conjetura simple…o no?

Una vez sentados tomaron un par de sorbos largos a su té cada uno y cuando parecía que esos segundos iban a prolongarse por una eternidad, Mateo rompió el silencio:

Mateo – Germán, antes que empecemos, ¿Tenés alguna pregunta para hacerme?

Germán – A decir verdad tengo muchas pero una sola me está dando vueltas una y otra vez en la cabeza hace un rato.

M – Soy todo oídos

G – ¿Qué es lo que estás haciendo acá?

M – Ah, como me gusta cuando un hombre va al grano y no da vueltas con taradeces  – Dijo casi satisfecho de la pregunta que había recibido – Pero me temo que para poder responderte vas a tener que tener la cabeza muy abierta, sino no tiene sentido alguno.

Germán asintió con la cabeza sin emitir sonido

M –¿ Aceptas? ¡Hey que bueno! Parece que vengo de racha hoy. Verás, no es muy fácil explicar que soy y que represento pero voy a tratar de ser lo más simple posible. Yo soy…creo que hace muchísimos años en Grecia nos llamaban musas – Dijo dudando – ¡SI! ¡Eso es, ya me acordé! Soy una de las tres musas.

Germán no podía dar crédito a lo que oía. ¿O sea, una de las tres musas de la antigua Grecia en su casa? Este tipo estaba completamente loco, o venía a joderle la vida, de pronto todo asombro en la cabeza de Gabriel se disipó y lo intercambió por una ira que crecía cada vez más. Cuando estuvo a punto de emitir una queja Mateo lo frenó.

M – Se es probable que no me creas pero si queres, para darte una prueba puedo recitarte todo lo que estuviste escribiendo las últimas cuatro horas, como le último fragmento que te dije para que me dejaras entrar. Bah, dejaras entrar es una formalidad, la realidad es que desde el mismo momento que te sentaste enfrente de esa computadora yo ya había entrado en tu casa pero vos…tu cabeza es algo difícil, no podía aceptar que las palabras salieran solas de tu cabeza, no, necesitabas a anclarlo a algo más real, tangible, por lo cual tuve que “venir” a tu puerta, tocarte el timbre y pedirte un te. Creeme que no es de mi agrado hacer esto, nosotros trabajamos mejor de manera más sutil pero bueno, existen casos especiales como vos…y yo no me puedo permitir hacer mal mi trabajo, imagínate, milenios y milenios cumpliendo para fallar ahora. Tengo que ganarle a mis hermanos

G – Ganarle a tus hermanos…?

M – Si hombre! Pero que lento che! Las otras dos musas son mis hermanos, somos tres nosotros!

G – Y dónde están ellas ahora?

M – Que se yo? No vamos a todos lados juntos, cada uno tiene trabajo! Ay…parece que todavía no reaccionas del todo…A ver, repitamos ¿Quién soy yo?

G – Una de las tres musas de la vieja Grecia

M – ¡Cooorrecto! ¿Y que hago acá?

G – Eso es lo que estoy tratando de entender… – Respondió German ya con un dejo de cansancio en la voz.

M – Ay pero si sos lento che…Es simple. Mi trabajo consiste en hacer que la gente que está con un bloqueo mental a la hora de escribir se ponga a escribir y lo supere. Vendría a ser como un abogado en el medio de un litigio entre una pareja, un árbitro de futbol a la hora de dirigir un partido, el tipo que va a hacer que despejen la 25 de Mayo los piqueteros para que los autos pasen y dejen de tocar tanta bocina…Se entiende?

G – Si si, se entiende, lo que no entiendo es como es que me hablas tan…tan…

Intrerrumpiendo – M – ¿Coloquial? ¿Actual? ¿Directo?

G – Si…eso…

M – ¿Acaso tendría que tener una túnica, una corona de olivos en la cabeza y hablarte con un dialecto más antiguo para que me termines de creer? ¿Vos tenes idea lo que sería venir por la calle así vestido? Vivís en Flores no en Barrio Norte, y aun así ni no seamos ridículos por favor, ya suficientemente complicado es que me tomes enserio para encima agregarle un mantel blanco abrochado y unas hojas en la cabeza…Tal vez…tal vez en los sesentas podría haberlo vuelto a usar pero bueno, se me pasó el momento, voy a tener que volver a esperar para usarla…como sea, ahora era inviable y lo sabes bien no?

Germán no podía dar crédito a lo que oía, a este tipo REALMENTE le gustaba hablar, preguntarse, contestarse, es como si no tuviese jamás la capacidad de quedarse callado, por otro lado de alguna manera extraña sabía que tenía razón. No por lo ridículo que se podría ver vestido así sino más bien porque el no lo hubiese tomado enserio de plano.

M – Bien, ahora que está zanjado este tema vamos a lo que sigue. Hace un rato que no podes parar de escribir ¿Es verdad no?

G – Si si..es cierto eso

M – Bien, entonces significa que estoy haciendo mi trabajo yo, el problema es que peleabas contra mi para seguir escribiendo entonces, como te dije hace un rato, tuve que tocarte la puerta y entrar ¿Se entiende?

G – si, se entiende pero no entiendo como es que peleaba con vos, osea, las palabras salían de mi cabeza y a lo sumo estaba peleando contra ella, no contra alguien más.

M – Oh, mi pequeño saltamontes, claro que las palabras eran tuyas, yo lo único que hice fue liberar el excedente de peloudeces que tenías en tu cabeza para acomodar las palabras y mandártelas así las podías escribir. “Los caminos de las Musas son misteriosos”

G – Pero no tiene sentido, no estaba escribiendo sobre nada en particular, eran palabras nomás una tras otra, como un diálogo conmigo mismo, realmente si me “inspiraste” para escribir eso nose cuán bien estás haciendo tu trabajo. – Dijo a con cierto tono de irritación. Lo cierto es que no le estaba gustando la idea que ese ser que tenía sentado delante de si se le haya metido en su cabeza. Si, también estaba tomando a consideración de que lo que decía era cierto.

M – A ver, a ver, vamos bajando los ataques porque el que está con mucho trabajo soy yo y nadie me paga horas extras, somos una empresa chica pese a la cantidad de años. ¡Ni gremio tenemos! No, esto es simple Germán, vos escribiste todo eso porque era lo que querías escribir, un montón de páginas de nada, pero a la vez con un sentido y coherencia, y déjame decirte, hubiese preferido que hayas elegido hablar del clima antes que eso. ¡Las palabras pueden ser muy impacientes cuando se libera el bloqueo y sobre todo cuando el tema elegido es hablar de nada!

G – “…Las palabras pueden ser muy impacientes…” – Repitió como si no pudiese creer lo que le decía. – ¡Eso no puede ser cierto! Las palabras son palabras nomas.

M – ¡No digas eso! Cada vez que una palabra o una letra es atacada el vocabulario sufre un cambio y jamás pero JAMAS es para mejor. Tomá a la H por ejemplo

G – ¿A la H? ¿Qué tiene que ver la letra H con todo esto?

M – Ay dios…ya no les enseñan nada en la escuela…La H no era como es ahora, antes tenía un sonido, un tono particular y único. Hasta que se chocó con un escritor…no se bien como se llamaba, no me pertenecía a mi sino a uno de mis hermanos…no me puedo acordar. La cosa es que este escritor se ofendió con esa letra una vez que no pudo ponerla en un escrito que estaba preparando. Que habrá pasado te preguntarás Bueno, el se ofendió con la letra, la H se deprimió mucho tiempo y prácticamente desapareció. Estuvimos muchos años con mis hermanos buscándola hasta que dimos con ella. Para ese momento se había decretado en silencio absoluto y es hasta el día de hoy que no hablo más que en susurros de su pasado, a no ser que esté con sus amigas, la C y la S, con ellas por suerte todavía se habla.

Germán a esta altura miraba incrédulo al hombrecillo mientras le explicaba todo esto con tanta naturalidad que no podía decir que estaba mintiéndole en la cara, tal vez estaba loco, pero no era mentiroso.

M – Así que las cosas son como están. Yo vine para que escribas, salió lo que salió, hasta que me peleaste tanto que tuve que aparecerme en tu puerta ¿Se entiende?

G – Si…creo que si… ¿Ahora las musas no se suponen que tendrían que ser mujeres? Es decir, eso no me termina de cuadrar, las musas siempre las representaron como tres mujeres, una joven una de mediana edad y una anciana, porque es que, sin ofender, te tengo a vos delante de mí clamando ser una de ellas.

M – Eso está totalmente errado, te lo pongo de esta manera. Si yo hubiese aparecido con telas blancas cubriéndome apenas, con un cuerpo que estalle…¿Vos realmente te hubieses concentrado en escribir o en tratar de llevarme a la cama?

G – Bueno…poniéndolo de esa manera…

M – Exacto y ya te dije, vivís en Flores, olvídate que salga así a la calle. Por otro lado si me permitís, te voy a explicar exactamente porque estoy acá.

G – Soy todo oídos, porque cada vez entiendo menos

M – Okey ¿Hace un esfuerzo querido, si? Yo estoy acá hablando con vos, tomando este té, muy rico por cierto, gracias,  porque es lo que vos necesitabas. Te lo pongo simple. Vos estabas bloqueado, hacía rato que no podías volcarte a tu trabajo y es el mío, hacer que vos puedas hacer surgir las palabras. Ahora bien, como te decía necesitabas una persona de carne y hueso para que entiendas que estas guiándote hacia algún lugar y no que solo escribís un sinsentido porque si no tu cabeza pelea contra el beneficio que te estoy dando solo por ser, para tus cuadrados parámetros, incoherencias inservibles las que escribiste y como te dije, no voy a fallar en mi trabajo después de tantos siglos trabajando bien.

En cuanto a mi aspecto pasa lo mismo, necesitas constantemente cosas reales y físicas para poder comprender que es cierto todo y dejes de luchar, si llegaba a venir cualquier otra persona, un amigo, una modelo o un ser vestido con una toalla jamás les hubieses creído, en cambio una persona ultra inocua que te causa simpatía, la suficiente como para escucharla si iba a funcionar, y de hecho así es.

Si había algo que tenía sentido, por más loco que sintiese Germán estar, es que esas palabras tenían verdad. Jamás hubiese le dado crédito si venía disfrazado de un amigo o una mujer, en cambio como esta persona si, era más fácil de que el la aceptase y tenía algo familiar, algo que le recordaba a alguien.

De pronto todo el piso le empezó a dar vueltas, al principio pensó que eran nauseas de él pero no, el piso efectivamente se estaba moviendo debajo de él, abriéndose y cerrándose, hasta que calló con fuerza y pegó la cabeza contra un mueble. Antes de perder la conciencia pudo ver la silueta de Mateo que parecía saludarlo con la mano Si desapareció de ahí o no, era algo que no podía precisar.

El sonido de unos pájaros despertaron a un dormidísimo Germán. Tenía la espalda que le dolía mucho y se encontraba sentado en la silla con la cabeza en el escritorio, la Notebook a un lado en estado de suspensión. Sentía que había dormido 3 días seguidos y lo primero que reparó fue en el sueño. Aquel sueño extraño sobre hombrecillos pelados y Musas Griegas.

Encendió la pc y se sorprendió mucho al ver que había escrito varias páginas más del relato que había empezado a la noche, aquel sin sentido que tanto molestaba a Germán. Lo extraño fue que todo lo que estaba agregado. Era sobre su encuentro con Mateo, desde los tres timbrazos, pasando por las analogías sobre los piquetes o la explicación de que estaba haciendo ahí.

Pero no podía ser eso cierto, el piso estaba en perfectas condiciones, las Musas no existen, no importa el aspecto que tengan y menos él iba a tener el honor de haber compartido una charla con una. No, no había manera de que haya sucedido eso. Pensaba Germán hasta que se quiso acomodar el pelo y sintió un dolor fuerte en la frente y una hinchazón, ahí mismo dónde figuraba en su texto que se había pegado un golpe antes de quedar inconsciente y Mateo lo saludara.

¿Pero eso tendría que ser casualidad no? Las Musas no existen y menos en su mundo…O tal vez si…

Entrevista con dos ladrones armados mientras te roban

Una máquina describir

Imagen Hace pocas horas me sumé a la caprichosa lista de “víctimas de la inseguridad”, esa poderosa fuerza invisible que puede destruir una vida (o varias) en segundos y por la que nadie se hace cargo en lo que llamamos Argentina. Fue en Boulogne, en San Isidro, cuando dos muchachos -uno de ellos armados con el revolver a la vista- se avalanzaron sobre mi volkswagen Gol (digo un Gol y no un Mercedes Benz). Entraron, desesperadamente me pidieron mi teléfono celular que me habían regalado mis padres (le pedí el chip y accedió), el dinero que tenía (104 pesos, hay que ir con poco encima) y empezaron a revisar el auto.

Eran pasadas las diez de la noche, iba a casa de un amigo, y de pronto tenía dos tipos que no eran amigos míos arriba del coche. Genial. Todo en una secuencia de 3 a 4 segundos. No te lo esperás…

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